12.000 años de mente patriarcal (por Justo Fernández)

 

Los hombres nos hemos adueñado históricamente de toda corriente de pensamiento. Es nuestra estrecha y excluyente manera de mirar al mundo la que hemos convertido en doctrina, vomitando creencias, religiones, ideologías y estructuras de poder, no importa cuales sean estas. Por eso hemos transmitido deliberada e interesadamente que las conductas, actitudes y aptitudes masculinas hegemónicas han de ser referente de toda la humanidad. El ejemplo más notorio es el de la selección del más fuerte, el capacitismo, la violencia, la desigualdad y el sometimiento inculcados como el paradigma inherente a lo humano.

Y eso es tramposo y falso.

Darwin explicó el mundo como un hombre. Y los hombres lo aplicamos sin pudor sometiendo para empezar a nuestras semejantes, que son tantas como nosotros.

Nietzsche llegó a decir que las mujeres tienen el pelo muy largo y el cerebro muy corto. ¿Qué valor puede tener cualquier propuesta de pensamiento proveniente de alguien que cree algo así?

Buda pudo irse por el mundo a desarrollar su «proyecto personal» gracias a que una mujer cuidó de su hijo. ¡Así cualquiera, aprovechándose de los privilegios masculinos!

Marlon Brando y Bernardo Bertolucci  decidieron engañar a la actriz Maria Schneider, que por entonces contaba con 19 años, y emplear la mantequilla como lubricante en la escena de agresión sexual del filme «El último tango en París». «No quería que fingiese la humillación, quería que la sintiese», admitió el director.

Siempre me pregunté por qué a Neruda habría de gustarle que estuvieras callada. Ahora conozco la razón: «El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia».  Jamás se arrepintió de ser un violador confeso.

Sobre Gandhi, el adalid de la «No Violencia», no voy a escribir yo, le dejo a Mayukh Sen en BroadlyGandhi Was a Racist Who Forced Young Girls To Sleep  In Bed With Him.

Extraigo directamente el siguiente texto de ese artículo. Dice así:

«Gandhi opinaba que las mujeres abandonaban su humanidad en el momento en que sufrían violación a manos de un hombre. Creía firmemente que los hombres no eran capaces de frenar su impulso depredador básico y que las mujeres eran las responsables de estos impulsos, quedando a su merced. Su visión de la sexualidad femenina era igualmente deplorable. Según Rita Banerji en su libro Sex and Power, Gandhi consideraba la menstruación como la “manifestación de la deformación del alma de la mujer por su propia sexualidad”. También consideraba el uso de anticonceptivos como una llamada a la prostitución».

En definitiva, Gandhi se interesó exclusivamente en la práctica de la no violencia entre machos, porque contra las mujeres, esos seres pusilánimes e incompletos, no le parecía relevante y, según su propia biografía, actuaba en consecuencia.

Podría seguir desmontando uno por uno a la inmensa mayoría de los hombres supuestamente notables e ilustres. Es obvio que la maquinaria patriarcal nos ha «domesticado» habilmente inoculándonos su estructura y jerarquía de valores masculinos para admirarlos y elevarlos a la categoría de referentes.

Son mitos masculinos que nunca debieron haberlo sido.

La razón de este necesario ejercicio de desmitificación es simplemente que estos hombres despreciaban sin ambages a la mitad de la humanidad, a las mujeres. Si a ti no te parece motivación suficiente para echar abajo sus pedestales, pues ¡ allá tú ! (imagino que me vas a decir que eran otros tiempos …).

De lo que no cabe ya ninguna duda es que todas las disciplinas, sin excepción (ciencias, cultura, arte, religión …), están contaminadas de tóxica masculinidad supremacista

Y son muchas y muy graves las consecuencias de este histórico liderazgo referencial de monocolor masculino hegemónico.  Consecuencias interesadamente tergiversadas y ocultadas por la estructura masculina de pensamiento único.  El más notorio es sin duda la ocultación del hecho incontestable de que la violencia SI tiene género.

En el año 2010, según datos publicados por el INE,  el 91% de los delitos condenados, en todas sus formas y tipos (homicidios, violaciones, abusos, robos, corrupción, falsedad, violencia …), fueron cometidos por hombres. Solo en el 9% de los casos la infractora fue una mujer.  Y a nadie se le escapa que las condenas son solo la punta de un iceberg de una realidad de crueldad y violencia sumergidas, de autoría con igual distribución estadística.

Escalofriante.

Yo no sé si la vida es de color de rosa, lo que sé es que no es azul.

Pero que una repugnante conducta esté normalizada o responda a un condicionamiento no exime de responsabilidad alguna a quien de esa forma actúa.
Y una vez que se es plenamente consciente de ella surge la voluntad de reparar el daño y de pedir perdón.
Es ahí donde nace la energía para la transformación.
Por eso todos los hombres hemos de pedir perdón en conciencia.
Perdón porque cada minuto de nuestras vidas formamos arte y parte de esta orgía insoportable de sometimiento patriarcal y machista.
Perdón por participar confortablemente acomodados en este perverso sistema.
Para empezar deberíamos pedir perdón por aceptar votar en una supuesta democracia sabiendo que no se garantiza la paridad (por lo tanto no hay tal democracia).
Perdón por acudir a iglesias donde el Papa solo puede ser hombre.
Perdón por aceptar un rey que tenía que haber sido reina.
Perdón también por recibir un salario (injustamente más alto que el de ellas) trabajando en empresas donde los Comités de Dirección, quienes toman las decisiones, son mayoritariamente masculinos.
Perdón por llevar a nuestros hijos a colegios en los que sabemos que serán sus madres quienes nos representarán y se currarán las AMPAs.
Perdón por alardear de nuestros logros personales, sabiendo que han sido ellas las que, mientras los obteníamos, han criado a nuestros hijos.
Perdón también por estar a diario rodeados de patanes babosos machirulos y no atrevernos a decirles ni esta boca es mía.
Perdón por haber pensado (y dicho) tantas veces aquello de «Not All Men», a mi no me señales.
Perdón por creernos que como no somos «La manada» no tenemos por qué pedir perdón por nada.
Perdón por creernos con soberbia masculina que estamos limpios de machismo.
Y, sobre todo, perdón por no haber pedido perdón todavía.
Es una cuestión de responsabilidad.

La realidad nos está diciendo que la cooperación, la simbiosis, el mutualismo, la inclusión y la colaboración entre iguales es el modelo trascendente, nada masculino y profundamente humano al que tiene sentido dirigirnos, pero nosotros seguimos caminando en dirección contraria, tras el mandato de nuestro hemisferio-pene-izquierdo.

Por eso ahora, querida lectora, querido lector, es tiempo de feminismo. Es tiempo de esperanza.

Es el momento de que sean ellas quienes transformen la manera en que el mundo mira al mundo.
Nuestro tiempo de liderazgos, machoalfismos, arengas, peroratas y grandilocuencias masculinas ha expirado.

La revolución será feminista o no será.

Ya hemos padecido 12.000 años de mente patriarcal.
Ha sido más que suficiente.

Justo Fernández

Libro «Díalogos Masculinos – La masculinidad tarada».

Autores: Víctor Sánchez y Justo Fernández
Prólogo: Laura Aragón Esteban​
Ilustración: Alfredo Pavon Moreno​
Editorial: Cuatro Hojas – Editorial​

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