La mirada masculina

“El 97% de todo lo que sabemos de una o uno mismo, de nuestro país y de todo el mundo, tiene una perspectiva masculina”

Carol Jenkins (Fundadora y presidenta de Women’s Media Center)

Hace más de cuarenta años, concretamente en 1975, la cineasta británica Laura Mulvey publicó en la revista Screen el artículo “Placer visual y cine narrativo”.

En ese artículo se analizaba el término “la mirada” como la forma en que los espectadores interactuaban con una película en una sala de cine.

Valiéndose de numerosos ejemplos tomados de algunas de las películas más famosas de la historia de Hollywood, esta teórica y cineasta británica, acuñó el término mucho más explícito de la mirada masculina, analizándolo desde una perspectiva que mezclaba ámbitos tan diversos, como la crítica cinematográfica, la psicología y el feminismo.

¿Pero qué es realmente la mirada masculina y hasta qué punto nos puede llegar a condicionar?

Cuando nos ponemos a ver una película, adoptamos el papel pasivo de espectador, dispuesto a sumergirnos en el relato de una historia de la cuál en un principio, no somos ni protagonistas ni creadores, pero que, en la mayoría de los casos, nos llevará a identificarnos con el protagonista.

Esa identificación con el personaje protagonista, nos va a producir inevitablemente, el placer que buscamos cuando vamos al cine a ver una buena película, y ese placer que hemos sentido en ese momento, va a ser lo que nos haga buscar repetir esa misma sensación, una y otra vez.

Para que os hagáis una idea de la importancia de este detalle, que no es menor, ese placer que nos aporta reconocernos en el personaje que tenemos en pantalla, y la forma en que esa sensación alimenta nuestro ego, es muy similar, a la que le produce a un niño cuando por primera vez se mira frente a un espejo y se reconoce (algo que suele ocurrir alrededor de los primeros 18 meses de vida).

Y si analizamos la importancia del ego en la construcción de la identidad masculina (no solo en la más hegemónica), tendremos la tormenta perfecta.

Tormenta perfecta que, por un lado, se retroalimenta continuamente de un imaginario colectivo que nace de los hombres y que está dirigido casi en exclusiva al disfrute de nosotros mismos, tanto por el androcentrismo que lo inunda todo en nuestra cultura, que convierte en universal lo que ocurre e interesa a los hombres, y en particular lo que les sucede e interesa a las mujeres, como por la imagen de la mujer dentro de ese imaginario, hecha por y para disfrute exclusivamente masculino.

Imaginario colectivo e identidad masculina, que juntos de la mano, se van haciendo cada vez más grandes, más hegemónicos y, por consiguiente, más instaurados socialmente y cada vez, más difíciles de modificar/contrarrestar.

Recordemos que, no es suficiente con ser hombre, sino que es necesario demostrarlo permanentemente.

Y si encima, a esa sensación de placer que sentimos al cumplir con los mandatos de género de una manera concreta (que en un principio podría ser tan puntual e inofensiva como el visionado de una única película) hace que sigamos buscando aquello que nos funciona y que nos permite seguir validándonos, porque nos agrada y nos da notoriedad social (al menos en nuestro grupo de pares), pues eso. Blanco y en botella.

“Sabemos que nuestro narrador es un hombre porque se preocupa de lo masculino”

Siri Hustvedt (“La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres”)

¿Y si analizamos entonces la manera en qué miramos la película, para poder desarmarla y ponerle al menos un poquito de consciencia a lo que habitualmente nos tragamos sin pensar?

¿Y si analizamos quién nos cuenta la película y cómo lo hace?

¿Y si intentamos, sobre todo, reflexionar sobre si hombres y mujeres obtenemos un placer similar viendo la misma película, o si, por el contrario, detectamos que el disfrute de unos es a costa del no disfrute de las otras?

“La objetividad es el nombre que se da en la sociedad patriarcal a la subjetividad masculina”

Adrienne Rich

Históricamente, los directores de las películas, al igual que en otras muchas vertientes artísticas, han sido siempre hombres.

Hombres que han aplicado su particular mirada para contar una historia.

Hombres que se han convertido en los portadores de esa mirada, aplicando un punto de vista y una perspectiva dominante y controladora.

En la mirada de cada uno de esos hombres, y en la forma de filmar esa película se encuentra la responsabilidad de mantener la atención del público mirando la pantalla.

Y para ello, se va a valer de numerosos recursos cinematográficos, como son el encuadre del plano, la posición de la cámara, y, sobre todo, la forma en que se filma al sujeto protagonista y a todo aquello lo que le rodea.

¿Y si ahora, en vez de estar hablando de una película, lleváramos esta misma reflexión a la sociedad en la que estamos inmersos y que pretendemos cambiar?

A esta sociedad androcentrista, en donde el hombre no solo ha sido el único sujeto de referencia, sino el único privilegiado que ha podido adoptar esa mirada o punto de vista para contar la historia, de la manera que obviamente, más le interesaba.

A nosotros, los hombres, como sujetos protagonistas y primeros beneficiados del sistema patriarcal, no nos corresponde opinar sobre cómo debería ser esa mirada alternativa feminista que despatriarcalice la sociedad en la que vivimos, pero sí que está en nuestra mano, cuestionar de qué manera nos hemos beneficiado de los privilegios que nos ha otorgado nacer en la parte ventajosa del patriarcado, aplicando y aceptando una mirada que nos ha ubicado en la parte alta de la pirámide patriarcal, y que nunca hemos sabido o no hemos querido (que cada cual tache lo que proceda) detectar/cuestionar/renunciar a tiempo.

Más detalles para seguir dándonos cuenta de la compleja situación en la que nos encontramos.

Hasta los 7 años aproximadamente, todo lo que vemos y oímos, lo grabamos y lo archivamos directamente en nuestro subconsciente. Sin debatirlo, sin ponerlo en duda y sin cuestionarlo.

Muchos de los estereotipos de género, que tanto diferencian la educación social y cultural que reciben los niños y las niñas, están ya perfectamente integrados a la edad de los 6 años.

Y no solo eso.

El 95% de nuestros pensamientos son automáticos.

Y según algunos estudios, tenemos aproximadamente entre 40.000 y 60.000 pensamientos diarios.

Y aunque muchos de esos pensamientos automáticos solo nos sirven para facilitar procesos futuros de cosas que vamos a hacer y que ya tenemos aprendidos por haberlos experimentado previamente (a modo de comparación, son como las inevitables cookies de las páginas web cuando navegamos por internet), inevitablemente no podemos dejar de pensar, en cómo algunos de esos miles de pensamientos diarios y cotidianos que originarán otros comportamientos, procesos y actitudes nuevos, están influidos o provienen directamente de ese imaginario colectivo, que está por todas partes y del que no dejamos de retroalimentarnos continuamente.

«Los hombres actúan y las mujeres aparecen. Los hombres miran a las mujeres. Las mujeres se contemplan a sí mismas mientras son miradas.  Esto determina no sólo la mayoría de las relaciones entre hombres y mujeres sino también la relación de las mujeres consigo mismas. El vigilante que lleva la mujer dentro de sí es masculino; la supervisada es femenina.  De este modo se convierte a sí misma en un objeto, y particularmente en un objeto visual, en una visión.»

John Berger (“Modos de ver” -documental de 1972-)

¿Te das cuenta ahora, de lo difícil que es, cambiar todo aquello que hemos aprendido desde siempre y que, hasta hace bien poco, no sabíamos ni siquiera que estaba ahí?

Necesitamos no dejar de cuestionar constantemente lo que vemos, lo que hemos aprendido y por supuesto, lo que creemos que sabemos a ciencia cierta, porque, aun así, estará como mínimo bajo sospecha.

Volviendo a Siri Hustvedt, aquí nos deja uno de esos imprescindibles consejos que no deben olvidarse nunca en este proceso de aprendizaje/desaprendizaje continuo en el que deberíamos estar inmersos los hombres que aspiramos a dejar de ejercer modelos de masculinidades tradicionales:

“Es necesario tener fundamentos de una disciplina a la hora de adoptar cualquier perspectiva crítica, y esos fundamentos se adquieren a fuerza de trabajo y estudio continuados. Lo cierto es que cuanto más sé, más preguntas me hago. Cuantas más preguntas me hago, más leo, y esas lecturas me llevan a hacerme más preguntas. No se acaba nunca.”


Bibliografía consultada:

Placer visual y cine narrativo” de Laura Mulvey, publicado en 1975 en la revista Screen

https://txtmnftdecine.files.wordpress.com/2017/11/placer-visual-y-cine-narrativo-laura-mulvey-1975.pdf

Explainer: what does the ‘male gaze’ mean, and what about a female gaze?”, artículo de Janice Loreck, publicado en The Conversation el 05/01/2016 (publicación original en inglés).

https://theconversation.com/explainer-what-does-the-male-gaze-mean-and-what-about-a-female-gaze-52486

“¿Qué significa la mirada masculina, y qué pasa con una mirada femenina?” en Innerself (traducción al español del artículo anterior)

https://es.innerself.com/content/personal/relationships/couples/sexuality/11075-what-does-the-male-gaze-mean-and-what-about-a-female-gaze.html

“Apuntes sobre ‘la mirada masculina’ en el arte y en la fotografía” publicado el 10/01/2017 en El Blog de Evelyn Galindo.

http://postwarelsalvador.blogspot.com/2017/01/apuntes-sobre-la-mirada-masculina-en-el.html?m=1

“Ways of Seeing. Episode 2” Documental de la BBC, de John Berger (1972)

https://www.youtube.com/watch?v=m1GI8mNU5Sg

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